EN CONVERSACIÓN CON GUSTAVO GAMERO (SELECCIÓN 2019)

Los “No lugares” de Monterrey a través del Cine Queer y Social

Por Beto Díaz

Gustavo Gamero (Ciudad de México, 1994) es un cineasta radicado en Monterrey, egresado de la carrera de Comunicación y Medios Digitales por el Tecnológico de Monterrey. Su inquietud, el cine, lo hace volcarse al terreno de la creación audiovisual, donde además sublima sus memorias en un recorrido íntimo que constituye el universo que hasta ahora ha creado en el norte del país. “Hago cine para hacer un registro de mi vida”, platica en una conversación con el especialista en arte contemporáneo y colecciones, Beto Díaz.

Su más reciente cortometraje Instrucciones para soltar formó parte de la Competición del Cuórum 2019 y recientemente de la Competición Voices del Festival Rotterdam 2020, una cita indispensable del cine independiente contemporáneo. A través de una propuesta audiovisual filmada en 16mm, Gustavo Gamero captura la nostalgia que se experimenta con la pérdida del amor en el silencio de un hotel en Monterrey, donde solo se escuchan los ecos del amor pasajero. Además, significó el tercer corto queer consecutivo en la filmografía de Gamero, después de Mercurio Retrógrado y Antes de entrar, permita salir (Ganador del Festival Mix 2019).

La conversación tuvo lugar en Monterrey, ciudad de residencia actual de Gustavo, quien se encuentra en la posproducción de Tierra, su más reciente cortometraje protagonizado por Ángeles Cruz y Hoze Meléndez. Entre sus primeros trabajos está Turno 66 (2015), Mención especial en la Muestra Estatal de Cine Estudiantil del Festival de Monterrey. Destacan cortometrajes filmados enteramente en Nuevo León como Fraterno (2018), Antes de entrar, permita salir (2018), Mercurio Retrógrado, aún en fase de posproducción, Instrucciones para soltar, entre otros.

Gamero compartió con Díaz su descubrimiento del cine, los lugares y temas recurrentes que presenta en su obra, como los barrios bravos de Monterrey o historias sobre pérdidas y reencuentros, así como su interés por lo queer y la representación que hace de lo onírico y lo humorístico. Una conversación que nos asoma a las pulsaciones del director que se inmola con su obra en los “no lugares” de Monterrey, como si escribiera una carta desde las profundidades de una ciudad que siente y que quiere hacerse sentir.

* * *

¿Cómo fue que descubriste que querías ser cineasta? 

Desde los 12 años tuve esta idea de hacer cine. Al principio era una ocurrencia como de “quiero ser policía, quiero ser bombero”. Yo quería ser director de cine. Mis papás pensaron que era una fase transitoria.

Lo supiste desde los doce años…

Como buen millennial, era fan de los libros de Harry Potter. Empecé a ver las películas y luego me enteré que la tercera película, Harry Potter y el Prisionero de Azkaban (2003) sería filmada por un mexicano, Alfonso Cuarón. Ahí se me abrieron un montón de posibilidades. De niño no te cuestionas que hay gente detrás de las películas. Luego, cuando empiezas a saber, se vuelve una realidad muy lejana. Leí más de Cuarón y supe que había filmado Y tu mamá también (2001), y recordaba muy bien que había sido una película polémica que no me dejaban ver en mi casa. Esto me hizo estar menos ajeno. 

Empecé a ver más películas, a interesarme más por el cine, a conocer los nombres de los directores. Recuerdo que en el año 2006 los Premios Oscar estuvieron llenos de mexicanos: Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón, Alejandro González Iñárritu, Adriana Barraza. Yo quería formar parte de ellos. En ese entonces tenía 12 años. Luego me compré una cámara point and shoot y empecé a grabar videos con mis amigos de la secundaria, y me fui interesando.

¿Cuáles son tus intereses, tus líneas de investigación, los lugares que te gustan abordar en tu trabajo?

Es algo que se da inconscientemente, no lo tengo tan presente. He podido identificar, en retrospectiva más que en perspectiva, ciertos lugares que son los “no lugares”: el metro el camión, el hotel; lugares donde se convive, lugares de paso. De algún modo están condicionados para ser estándar y que cualquier persona quepa en ellos, para que todo suceda en un momento efímero. En mi filmografía, los extraños se ven obligados a convivir en estos espacios. Me gusta mucho explorar esta dinámica que sucede entre dos extraños. Sucede en Instrucciones para soltar (2019) o en Antes de entrar, permita salir, pero con Fraterno (2018) y Turno 66 (2015) cambia un poco. Ahora en Tierra (2020) implica más una reflexión sobre la sociedad y sobre cómo interactuamos y nos compartimos con ella; cada uno desde un abordaje muy distinto. En la temática, por ejemplo, está presente este miedo del individuo arrojado al mundo en su soledad y en la búsqueda por sujetarse a algo para no perderse. Está el “miedo a perderse”, Instrucciones para soltar lo verbaliza. 

En mis notas tenía a la pérdida, pero también al encuentro. Es algo que se ve en varios de tus cortos: el encierro, los cuartos, la soledad, el abandono. En Mercurio Retrógrado, en Instrucciones… me daba esa impresión. Hay alguien que se va y alguien que se queda. 

Es un miedo. Yo veo a mi cine como un diálogo conmigo mismo, como una introspección, como una terapia muy personal. Son miedos míos, de ser el que se queda, de quedarme solo; dar algo pero luego quedarte sin ese algo, mientras los demás siguen. Pero luego viene esta reflexión: si ellos avanzan, yo también tengo que hacerlo. No me puedo quedar estancado.

¿Entonces, se podría entender tu trabajo como autobiográfico? 

No necesariamente. Sí personal, mas no autobiográfico, porque también todas las representaciones de mis cortos son interpretaciones hiperficcionalizadas mías. Nunca me ha sucedido algo como en Instrucciones… o Antes de entrar… Un ejercicio que hago es tomar sentimientos que voy identificando en mí y darles una justificación narrativa que es ajena a mí por completo.Trastocarlo. En Fraterno al protagonista le fallecen sus papás. Entonces él se encierra. Pero es obligado a salir de su casa por una presencia extraña, sobrenatural, que no logra identificar bien. Esto fue una abstracción de lo que yo sentí cuando se murió mi abuelo. Me dio miedo no haber sentido nada, ni haberle llorado. Me sentía mal de no sentir algo, pero también pensaba que era un proceso de no estar externalizando muchas cosas. Parece que igual el personaje no está sintiendo como una persona normal. Lo que siente se ve exteriorizado en algo físico, que es esta fuerza que lo va empujando. Hay una pérdida de control físico, se hace pipí, se lastima un pie cuando se cae. Requiere la ayuda de su hermana.

También agregas elementos narrativos que ya son recurrentes en tu obra… 

Se ha intentado que la aproximación de mis cortos sean distintas unas de otras. En mi primer corto, Turno 66, que era más un ejercicio escolar, tenía elementos mágicos. Era la historia de un señor llamado Gregorio Vargas que se muere en la ida a su trabajo. Para terminar de morirse tiene que tramitar un acta de defunción. Tiene que pasar por un proceso burocrático para poder morirse. Este elemento mágico, surreal, también está presente en Fraterno.

Noto que hay un sentido del humor muy sutil. No sabes si reírte, pero te hace identificarte con algo de la vida cotidiana.

Me gustan los momentos de humor involuntario durante la rutina; lo que hace diferente a la experiencia del día a día. No sé bien de dónde sale, es un humor que no es comedia sino de la rutina. Es un poco mi humor personal. Me considero una persona introvertida e introspectiva, pero cuando estoy en confianza puedo ser humorístico, sarcástico, no tan simple. De algún modo eso se ve permeado en mi trabajo. Hago el cine que me gustaría ver. Pienso en Little Miss Sunshine (2006), es un drama familiar pero con dosis de humor ácido.

Me interesa que hablemos de lo queer de tu trabajo. Me gustó que en Instrucciones… y Mercurio Retrógrado esto está normalizado. No se trata sobre una pareja queer, sino que podría ser cualquier pareja… 

Es la intención de algún modo, que cualquiera se pueda identificar independientemente de su identidad sexual. El lenguaje del amor es el mismo. Los miedos y las inseguridades son similares. Claro que el contexto a veces es distinto. Algunos son más riesgosos pero las inseguridades están ahí. Vivo mi sexualidad abiertamente y forma parte importante de mí como persona. Esto nos define, pero no expresa la totalidad de una personalidad, sino una parte de lo que somos y somos muchas cosas. Expresarlo abiertamente es un acto político. Para las “masas” sigue siendo un tema incómodo. Si bien la sociedad ha avanzado, solo ha estado normalizado en un sector muy reducido de la población. Es algo inevitable ponerlo en mi cine, porque pongo algo de mí ahí. Por otro lado, yo trabajo con mis actores, con el crew. Para mí es importante conectar con mi equipo independientemente de la orientación sexual. Trato de encontrar los puntos en común para todos estar identificados.

Antes de entrar, permita salir, muestra la homofobia, pero también a Monterrey. El Cerro de la Silla sale gigante. Hay lugares icónicos, como el motel enfrente de la terminal de camiones de Monterrey…

Hubo dos intenciones desconectadas. Una fue que quería mostrar un Monterrey que casi no se graba. Lo filmamos a inicios del 2017 y todavía no se veía en el cine más de Monterrey, como el metro o las calles feas del Centro. Ves una representación audiovisual y ves Santa Lucía, la Fundidora, la Macro. Yo estaba viviendo atrás de la estación Mitras. Incluyo referencias mías como algunas conversaciones que se dan entre los personajes. Es una carta a Monterrey. Toda mi filmografía la he hecho en Monterrey o con gente de Monterrey. Quería que fuera un corto muy regio. Por otro lado, está la experiencia gay como las aplicaciones de Grindr. Muchas veces se repite esto de conocer a un extraño. Cuando estás con un extraño tienes la posibilidad de ser como no eres. Eres como papel en blanco, no hay referencias previas, puedes construirte como tú desees. Pero también significa confrontarte con gente que no es tan abierta y a que existe mucha homofobia internalizada. En el Festival Mix ganamos el Premio a Mejor Cortometraje Mexicano. En su justificación decía: “Por la libertad de expresarse en una ciudad conservadora y con las ganas de seguir viendo el trabajo de un futura promesa”. Yo llegué después a esta reflexión. De algún modo estaba diciendo que la homofobia y Monterrey son dos cosas que suceden. Pero no lo tenía tan consciente cuando lo hice.

Instrucciones… y Mercurio Retrógrado ya lo ven normalizado. Sucede en cuartos cerrados. Monterrey ya no está tan visible.

Me gusta soltar referencias de dónde fue grabado. Para mí estos dos cortos son primas hermanas, el mismo corto, reinterpretado a nivel estético, formal y en argumento. Estar con alguien donde hay química pero sucede algo que los separa, aunque parezca que estaban destinadas a estar juntas. Se muestran los no lugares como el motel, pero en Mercurio Retrógrado habitan su propio espacio. La madre parece aceptar que las dos mujeres se queden a dormir juntas. Pero hay historias detrás de cómo se hicieron. Mercurio Retrógrado se filmó en esa casa, en mi cuarto; la otra escena sucede en la casa del fotógrafo. Quería jugar con espacios que yo ya conociera. Hago cine para registrar mi propia vida, para revisitar los lugares y ver a la persona que era antes. Soy como Hansel y Gretel, suelto migajas para después ver cuál camino he tomado. Mi cine es mi cápsula del tiempo.

¿Cómo has formado tu equipo, tus actrices...?

Con Turno 66 y Fraterno trabajé con actores que no conocía. Hubo casting o vinieron por recomendación. Para Mercurio Retrógrado e Instrucciones para soltar participaron amigas mías. Antes de entrar… fue un proyecto grande, filmamos en 16mm por primera vez, en lugares complicados con un crew de 25 personas. Cuando hago Instrucciones… quise hacer algo más íntimo, si la historia del corto era íntima, también quería que lo fuera la filmación. Invité a 4 amigos, a las actrices y lo filmamos todo en un día encerrados en el hotel. Me gusta cambiar la dinámica de trabajar con amigos y trabajar con gente nueva, y a veces mezclarlo.

En Mercurio Retrógrado notamos que son amigos entre ustedes. Sentí que conoces a las actrices, hay confianza e intimidad.

A las actrices de Mercurio Retrógrado e Instrucciones para soltar ya las conocía. Las cuatro mujeres se interpretaban a sí mismas. Se llaman así realmente. Escribí sus personajes pensando en ellas. Y no les di el perfil del personaje ni su biografía, sino que les planteé qué es lo que ellas harían en cierta situación. Fue un ejercicio de confianza muy bueno que hice con María Fernanda Márquez (en la voz) y con Leonel Dimitri, para quien Instrucciones… significó un último registro de su cuerpo antes de su transición. Para Antes de entrar… se me complicó el trabajo con los actores, porque uno era novato y no lo conocía, y el otro ya había hecho algunas cosas. Me olvidé de los actores por un rato y he preferido trabajar con amigos.

¿Seguirás explorando temas queer?

Sí. He tenido el miedo de encasillarme. Hice tres cortos seguidos queer. La gente esperaba que mi siguiente trabajo también fuera con temática LGBTQ*. Creo que esto no debe definir el género ni la categoría. Todavía no llegamos a ese punto. Tengo muchos intereses que explorar. Tierra es de tinte social, de los desaparecidos. Pero a veces me veo y noto que tengo varias influencias. Pienso en mi infancia, en mi rancho con mi abuelita y llego a Tierra, pero también a Fraterno. En mi experiencia universitaria, intereses románticos, suceden cosas como con Instrucciones y Mercurio Retrógrado. Me gusta la idea queer pero no quiero ser el director que nada más haga cine queer

Lo queer, y lo no queer, siempre es algo político. Fraterno y Tierra, sin ser queer, hablan de lo político… 

Tocas el tema del cánon. En ciertas partes del mundo ya se están superando estas categorías. Cindy la Regia tiene un par de personajes que son lesbianas, la película no es solo queer porque hay dos mujeres lesbianas. Pensar en un sci-fi y que el protagonista sea gay: antes que todo es una película de ciencia ficción. La orientación sexual del protagonista no es el foco de la película. Mientras no se termine de aceptar como algo normal, las películas LGBTQ* van a seguir existiendo. Ojalá en un futuro no sean necesarias estas categorías. Mis cortos más que queer son de amor. Instrucciones para soltar ha hecho a la gente llorar. La gente logra identificarse porque el miedo a no ser correspondido es algo universal. Es una historia sobre una relación, no de si son una pareja de lesbianas. Se atrajeron, hubo química pero fue efímero. No gira en torno a su sexualidad.

¿Qué significa para ti haber llegado al Festival de Rotterdam?

Es algo muy importante en mi carrera, a pesar de que no pude ir. Hice este corto y me gustaba mucho. Luego pasa que haces algo y no te gusta, pero a la gente sí y al revés. Sentí que me estaba pasando eso aquí. Pensé que le iba a ir bien y, por ejemplo, Antes de entrar, permita salir no pudo hacer las paces entre lo que pudo haber sido y lo que es. Uno quiere a sus hijos porque son suyos, pero por falta de experiencia hay cosas que no terminan de cuajar. Al corto le fue mejor de lo que yo esperaba. La gente logró ver más allá de los defectos técnicos, encontró un corazón en el corto. Con Instrucciones… fue una propuesta distinta. Tanto a nivel formal y a nivel emocional conecta. Lo veo y me causa algo. Este trabajo en realidad fue un capricho, un arranque emocional a diferencia de otros cortos que fueron más planeados, más construidos. Cuando lo hice me habían roto el corazón. Necesitaba hacer algo con ese sentimiento y a la semana ya lo estábamos filmando. Surgió a partir de un evento emocional que para mí representa mucho. Me tardé en terminarlo porque no tenía dinero. Lo estaba haciendo solo. Ahorraba e iba pagando la música, el diseño sonoro. Muchos festivales lo rechazaron. Me agüité un buen. Pensé que no era tan bueno como pensaba.

Y quedó en la Competición del Cuórum 2019…

Luego queda en el Cuórum y pensé que estaba bien que quedara en festivales pequeños. Lo había mandado a festivales grandes con la esperanza de que alguien viera algo en él. Los correos eran “gracias por participar, pero no podemos encontrarle espacios en la programación”. A mí se me había olvidado que había aplicado a Rotterdam y en diciembre, muchos meses después, vi un mensaje del Festival, donde me decían que querían que el corto formara parte de la competición del Festival y había un premio con dinero. Rotterdam es un gran referente del cine contemporáneo. Cuando hice Antes de entrar, permita salir, referencias narrativas muy importantes fueron Julián Hernández y Julio Hernández Cordón. Ese tipo de cine se presenta en Rotterdam. Espero que más gente lo pueda ver. Es una ventana de exposición más fuerte, más importante. Realmente creo que pueda ser el sello de calidad para que pueda mostrarse en más lados. Lo veo como esa oportunidad para que el corto viva más. Como realizador, me sirve como credencial el ya haber estado entre los 10 mejores festivales del mundo. Ya puedo pedir dinero más fácil. 

Me llama la atención tu evolución como cineasta y tu recorrido hasta aquí. 

Cuando hice Turno, mi lenguaje era muy de Estados Unidos: plano contraplano, over the shoulder, two shot, medium shot; como de serie de televisión. Cuando me fui de intercambio a Nueva Zelanda, hice un corto muy formalista, Chiaroscuro (2016), y experimental, en blanco y negro con puras sombras que luego se van a claroscuro. Lo aceptaron en el Short Film Corner de Cannes. En ese entonces pude ir a Cannes y vi cortos de la Competencia del Festival. Me impactó mucho el lenguaje europeo, trabajos muy estéticos. La chica que baila con el diablo (2016) es un corto con una estética muy formal: la cámara muy alejada del personaje principal, tomas estáticas, plano general. Para Fraterno quise tomar este lenguaje muy preciosista, como si cada frame fuera una pintura. Hay cosas que me gustan, otras que no. Para Antes de entrar… tenía que ser muy distinto eso; tenía que ser urbano y gris. La imagen tenía que ser así, por eso filmamos en 16mm, por eso la cámara se mueve mucho. Luego tomaba el punto de vista de la gente pasando. Instrucciones para soltar fue un punto muy intermedio entre Fraterno y Antes de entrar…, donde fueron cuadros muy seleccionados. No van a haber movimientos de cámara, sino esta presencia humana. Vamos a estar esperando con la cámara para que sea algo íntimo, pero también incluimos una estética de imagen construida. Creo que solo son 10 cuadros. 

Silencios poco imaginados. Triunfos discretos. Fronteras derribadas. Los cortos de Gustavo Gamero, por lo pronto, nos han mostrado los “no lugares” donde habitan lo pleno o lo que ha sido interrumpido. Nos hablan de la atemporalidad, de lo efímero, del despertar a la pasión y de la tragedia del desamor. Un conjunto de obras que muestran los “no lugares” que hemos habitado y que posiblemente no hemos reconocido. Gamero se detiene a verlos y hace de los momentos, el presente de una realidad sensible y novedosa.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *