Día 1. Que nadie se suelte la mano

Texto: Arantxa Luna

“¿La realidad se puede transformar?”, en la pared de la escuela de Lola hay un letrero que mira discreta y contundentemente al espectador. Mientras Lola trata de sobrellevar su identidad como mujer gitana y lesbiana, los espectadores iniciamos la primera jornada de proyecciones de Cuórum con Carmen y Lola, de Arantxa Echeverría.

Esta pregunta que aparece velada y sin importancia dentro de la película es, en esencia, lo que espacios como este festival han puesto sobre la mesa. Sabemos que sí, que sí se puede transformar, pero los cómo, la nueva pregunta, será el ejercicio de reflexión que estará presente durante estas jornadas.

Quizá la primera forma de responder a ese cómo es lo que se planteó en el panel posterior a la película que fue conformado por Fabiola Santiago, crítica de cine; Esmeralda Pimentel, actriz; Bárbara Monjarás, programadora de Cuórum, y Andrés Muñoz, jefe del Departamento de Igualdad y Diversidad Sexual de la Secretaría de Igualdad Sustantiva y Desarrollo de las Mujeres en Michoacán: cuestionar las formas de representación, romper las normas, pensar en libertad; asimismo, se unió a la reflexión lo que compartió la cineasta argentina María José Stanffolani, jurada invitada: hacer comunidad es una manera de resistir, y en su primer día de actividades, Cuórum abrazó otras maneras de lograr que el cine sea diverso, amoroso, rebelde, y una vía para recordar que las disidencias sexo genéricas merecen un trato digno como cualquier otra persona del mundo.

El Centro Cultural Clavijero fue el espacio que resguardó las alegrías, los abrazos, las posturas políticas, los descubrimientos: en su pared retumbaron los aplausos de cada presentación y el ojo crítico y curioso de los espectadores. Después de la obra de Echeverría, se presentó oficialmente el Programa 1 de cortometrajes en competencia: directoras, directores, actrices, actores, compartieron su experiencia al filmar y la importancia de ser parte de un festival enfocado a representar a la disidencia sexo genérica.

Con emoción, Cuórum cerró sus actividades con la función inaugural: Breve historia del planeta verde, de Santiago Loza, un ejercicio cinematográfico en donde la exigencia de ser y hacer sin importar quién eres para los otros, extendió las reflexiones (otra de tantas) sobre cómo habitar una sociedad que impone su definición de normalidad. “Aquí, en esta película, a mi personaje no lo obligaron a ser oscuro, hay brillo, hay humanidad”, compartió la actriz trans Romina Escobar que junto al actor Luis Sodá, presentaron la película. Con la sala llena, las obras de Echeverría y Loza cuestionaron los mandatos del “Si pudiera…” como una constante de los personajes en pantalla que anhelan algo que no les es permitido, ese algo que se refiere simplemente a vivir en libertad todas sus experiencias.

Con la apertura de la obra “Que nadie se suelte la mano”, inaugurado por Alejandro Ramírez, director general de Cinépolis, la golondrina gitana, el viaje a la Patagonia, desde España hasta Argentina, de todas las ciudades de México, amores imposibles, amores libres, amores en el planeta tierra, amores más allá del entendimiento, batallas y resistencias, tomaron forma: Bienvenidos a Cuórum 2019.

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