Aprendizajes. Una mujer fantástica: El cine que transforma paradigmas

Una mujer fantástica, el quinto largometraje del director chileno Sebastián Lelio (Gloria, 2014), se estrenó en 2018 en el Festival de Cine de Berlín. Ahí fue acreedor al Premio Teddy, otorgado a las películas con temática LGBT+, y el Oso de Plata a Mejor Guión Original. En La visita (2014), dirigida por Mauricio López, la película se convirtió en un referente claro de la representación trans, al ser protagonizada por la actriz Daniela Vega

En Una mujer fantástica, Daniela interpreta a Marina, una joven cantante que se enfrenta a la repentina muerte de su pareja Orlando. Este duelo la coloca en una situación vulnerable, debido a la falta de derechos y legalidad de las personas trans en Chile, a los prejuicios y al rechazo de una sociedad transfóbica y clasista.

La película obtuvo el reconocimiento de la Academia de Cine de Estados Unidos a Mejor Película de Habla No Inglesa, con lo que Vega se convirtió en la primera mujer trans latinoamericana en asistir a una ceremonia del Óscar. En el ciclo “Diálogos de Diversidad” del Programa Continuo, Cuórum Morelia organizó el conversatorio “Una mujer fantástica: el cine que transforma paradigmas” para hablar de la disrupción del cine en la sociedad. Se vuelve de suma importancia fortalecer diálogos para la aceptación de la diversidad a través de medios como el séptimo arte.

El pasado jueves 23 de mayo en el Centro Cultural Clavijero, el periodista de cine y asesor de Cuórum Morelia, Carlos Bonfil, moderó una mesa conformada por la actriz y vedette trans mexicana Alejandra Bogue; Fabiola Santiago, periodista de cine, colaboradora de Cine Premiere y Sector Cine; y Alejandro Gómez Treviño, director de la Muestra Queer de Monterrey y subdirector de programación de la Cineteca Nacional. El público estuvo compuesto por diversas edades e identidades dispuestas a comprender mejor al ser humano a través del poderoso lenguaje cinematográfico. Los asistentes participaron con entusiasmo en un ejercicio esencial para construir puentes entre identidades y orientaciones sexuales, reconstruir el tejido social y continuar con la visibilización de una comunidad en muchos casos violentada y discriminada.

El cine es testigo de esto: Una mujer fantástica presenta una historia cotidiana de una mujer que se enfrenta a las distintas instituciones de un país cerrado, desinformado y que se replica por toda Latinoamérica, como es el caso de otras propuestas como Las herederas (Marcelo Martinessi, 2018), Bixa Travesty (Claudia Priscilla y Kiko Goifman, 2018) y más recientemente Breve historia del planeta verde (Santiago Loza, 2019). Esta ocasión sirvió de repaso sobre la contribución del cine a lograr cambios y transformar mentes hacia la apertura e inclusión de las minorías.

El periodista de La Jornada, Carlos Bonfil, abrió el diálogo reconociendo la importancia de presentar historias de la comunidad LGBT+ en el cine: “Importante es disipar algunos malentendidos sobre terminologías pero también del abuso de las mismas y hablar de lo que ha sido la presencia de cine con temática trans en México, América Latina, Estados Unidos y Europa”. Mencionó ejemplos destacados de historias sobre personas trans como Transamerica (Duncan Tucker, 2005), Los muchachos no lloran (Kimberly Peirce, 1999), Tomboy (Céline Sciamma, 2011), Quebranto (Roberto Fiesco, 2013) y Morir de pie (Jacaranda Correa, 2011). Explicó la necesidad de promover un discurso que vaya más allá de lo que se conoce como el cine de la diversidad sexual y de concentrarse en expresiones que el cine mundial ha hecho sobre las personas trans, y que se han vuelto prodigios.

Respondiendo sobre el papel  del periodismo en la visibilización del cine trans, Fabiola Santiago explicó que, en su experiencia como periodista, ha notado que los personajes trans han sido interpretados por hombres o, bien, han funcionado ya sea como la parte cómica de la trama o para encarnar un destino trágico. “Un director y un periodista deben trabajar desde la empatía. El hecho de que haya actores y actrices trans que participen activamente en estas representaciones es muy valioso. Lo mismo con el periodismo cuando le da voz a estas personas, de tal forma que la comunidad y las personas se sienten representadas”.

Añadió que en México hay todavía un camino por conquistar para las historias sobre personas trans y destacó lo importante que será que cuenten con personajes con estas características sin que sean el eje de la trama. “Será un reto que sea una historia de cualquier género como el thriller sin que tenga que estar atravesada por la experiencia del personaje como persona trans, sino que sea un elemento más con el que se pueda convivir en el día a día”.

En su experiencia en programación de cine, Alejandro Gómez Treviño coincidió en que aún faltan películas que representen verdaderamente a la comunidad trans, destacando lo importante de que Una mujer fantástica tuviera como protagonista a una mujer trans. “No sabemos qué hubiera sucedido si la película no hubiera estado en la Berlinale y hubiera ganado los premios que ganó, pero fue muy importante que, cuando Sebastián Lelio subió al escenario del Berlinale Palast a recibir el premio a Mejor Guión, le haya pedido a Daniela Vega que suba al escenario y que el entonces director del Festival de Berlín, Dieter Kosslick, la haya subido al escenario”.

Por otra parte, destacó que las plataformas digitales han contribuido a abrir el panorama del cine con temática de diversidad sexual, que muchas veces no logra estrenarse, aun viniendo de festivales internacionales. “Si en las programaciones regulares de las salas de cine hubiera más películas con temáticas LGBT, no habría necesidad de hacer festivales o muestras LGBT. El hecho de que las películas puedan verse en casa abre la puerta a ser más sensibles al tema, al ver estos temas de una forma más habitual”.

En ese sentido, Fabiola Santiago resaltó que la pluralidad es necesaria en las plataformas digitales para mostrar otras formas de vida y que esto debe darse no solamente por motivos de consumo para la comunidad LGBT+, sino para verdaderamente transformar. “Falta mucho para transformar la percepción y el cine juega un papel esencial para cambiar la manera en que las personas de la comunidad trans han sido representadas, así como hacer eco de sus exigencias”.

A pregunta expresa de Carlos Bonfil sobre la representación de la identidad trans en el cine mexicano, Alejandro Gómez Treviño aclaró que, si bien ha estado a la altura, lo ha sido por ciertos momentos, como el caso de El lugar sin límites de Arturo Ripstein, que este año cumple 40 años de su estreno. “Las películas en México se han tardado en brindar un retrato verdadero de la comunidad LGBT+. Hay ejemplos destacados en México que se dan de manera continua pero de pronto escasean. Lo importante es que haya continuidad y que logren verse”.

Como testimonio claro y admirable de una mujer trans en México, Alejandra Bogue inició su participación en el conversatorio reconociendo que a partir de que la comunidad LGBT+ se ha comenzado a definir, se ha vuelto más visible. “Cuando comencé mi carrera como actriz, no se escuchaba la palabra trans. A mí me contrataban porque necesitaban una bailarina atrevida, en la época bohemia donde destacaban Astrid Hadad, Cecilia Toussaint y Regina Orozco. Yo empecé con la experiencia y luego vino la técnica. Tenía muchas ganas de vivir, de ser. No me cuestionaba si era trans pero sí lo que era definir mi identidad, lo cual puede ser bueno o malo. Se trata de compartirnos y quitarnos las etiquetas. Soy actriz pero no me considero ícono trans”.

Para ella, la presencia de Daniela Vega en la ceremonia del Óscar fue símbolo para el posicionamiento y la visibilidad de las personas trans. “Vengo de una época donde ser tú misma te llevaba a la policía. No te preguntaban. Salías a la calle y te llevaban a la casa por faltas a la moral. En Acapulco no dejé que me extorsionaran y me llevaron a los separos. Al día siguiente aparecí en el periódico con un encabezado que decía: “Esta bella dama no es una dama. Es el homosexual Roberto Arturo Bogue Gómez, alias ‘La norteña’, que se dedica a robar a turistas extranjeros en la costera. Afortunadamente ya está al resguardo de la policía judicial”.

Narró las dificultades que tenía para encontrar un trabajo y de la discriminación que sufrió por parte de la comunidad gay, acontecimientos que forjaron su personalidad y la llevaron a salir adelante como persona. “En los noventa no me dejaban entrar a un bar gay. Hombres vestidos de mujer no podían entrar. No cargo mi sufrimiento. Me ha dado templanza y me ha hecho estar aquí sentada. Llego con el aplomo y la seguridad de los años que he sufrido”.

Alejandra Bogue es crítica de la falta de oportunidades a las actrices trans: “En México los directores piensan que no estamos preparadas. Estamos en un país donde no tenemos la capacidad para respetar a los demás y dejar que cada uno se descubra”. Es firme en decir que más que un modelo a seguir, es un ser humano, una actriz que comete errores y aciertos como cualquier persona. “Puedo llevar una responsabilidad de lo que está en mis manos. Decir que soy la verdad absoluta sería muy petulante. Vivimos en tiempos donde lo que vale es lo malo. No me voy a salir de mis parámetros con tal de estar en una visbilización digital. Estoy con la gente que me sigue por ser quien soy”.


El testimonio de Alejandra Bogue se convierte en un símbolo de lucha de una mujer auténtica en una sociedad que ha rechazado su diversidad por machismo, por homofobia. Su presencia motiva a continuar, para encontrar a esas personas que han pasado por situaciones difíciles por ser quienes son, como en el caso del personaje de Marina en Una Mujer Fantástica. El filme seguirá siendo un ejemplo de las dificultades a las que se enfrenta una persona trans, pero también un esfuerzo digno y representativo para contar historias que necesitan ser reconocidas y visibilizadas. Cuórum Morelia continúa su compromiso por sumarse a estos esfuerzos y por seguir generando diálogos por la diversidad, por más entendimiento y para más aceptación.

Texto: Antonio Álvarez
Imágenes: Alan Solchaga y María Yunnuén Martínez

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